Toño Peña: ¡cinco años de ausencia! (2011) -2-, Cuerdas… Cuerdas No. 3041

Cada persona tiene un sello especial que la identifica; tal es el caso de TOÑO PEÑA, un personaje que tenía la facilidad de crear nombres de luchadores a los que no solamente los bautizaba, sino también les daba una idea de cómo debería ser su máscara y cómo debería comportarse sobre el ring. Yo tuve oportunidad de tratarlo en sus inicios como promotor, pues bastaba con observar detenidamente a un novato para darle un mote y diseñarle su capucha.

Recuerdo una ocasión que desde las butacas estábamos viendo entrenar a un par de chicos, cuando de repente Toño lo suspendió y llamó a uno de ellos y le dijo: “tú estilo me gusta y necesitas ejercitar más el ataque. Sé que te gusta hablar y quiero que representes a un personaje que se llamará El Leguleyo Honrado. Subirás al ring después de que desde el pasillo hacia el cuadrilátero empieces a regañar al público y lo incites a que se ponga a estudiar en lugar de andar de vagos; tu máscara y equipo serán parecidos al de un magistrado, es decir, con una especie de toga”.

Un genio para crear personajes.

El joven lo miró con cierta rareza y se fue. Yo me quedé intrigado, pero no sorprendido, porque conocía a Toño y sabía de lo que era capaz. Una semana después, cuando la Astro pista Texcoco estaba llena a reventar, y yo me encontraba sentado en una de las butacas de tercera fila, escuché que desde el pasillo una voz potente rasgaba la atmósfera y pregonaba: “Gente que en lugar de estudiar viene a perder el tiempo en esta arena. Debe de irse y ponerse a trabajar…” El público no solamente se reía de la perorata, sino le chiflaba y le gritaba, pero el atleta seguía hablando mientras subía al ring y se encaraba a la gente. Yo, desde mi butaca, aplaudía la genial idea de TOÑO que con una sonrisa de satisfacción veía el resultado de su idea. Esa tarde El Leguleyo ganó en dos caídas al hilo.

Realmente las ideas de Kahos, como yo le decía, eran geniales, pues en ellas iba parte de su imaginación y de la experiencia de los gringos, pues debo reconocer que nuestros primos son geniales para producir escenas que llaman la atención y que surten un interés por continuar gozando de sus batallas. Aunque ellas tengan más de teatro que de lucha, pues las combinaciones que hacen son fabulosas y entretienen al más exigente.

Quienes conocieron a Toño en sus inicios, sabrán que fue un luchador sumamente callado, no le gustaba criticar a nadie, era respetuoso y amable. Sus ideas no las compartía con nadie, pero en realidad las iba acumulando para hacerlas realidad en el momento preciso. Cuando se hizo cargo de la promoción en Texcoco me demostró su calidad y conocimientos, pues para él las luchas iniciales deberían compaginar con las de arriba, con las estrellas, y se dedicaba a conducir a los luchadores por la senda del trabajo y de la honestidad. Cambió a muchos técnicos en rudos y viceversa. Convenció a BULL SANTANA a realizar su boda sobre el ring y la bendijo FRAY TORMENTA. Esa noche la ASTROPISTA se vistió de lujo y su bóveda grabó las sagradas frases del religioso cuando dijo “¡Lo unido por Dios no debe ser destruido por el hombre!”.

Cuenta un albañil, que cuando la arena fue derrumbada por los años, él volvió a escuchar, al arrancar una de las láminas del techo que repetía la sentencia de que años pasados había pronunciado el religioso “¡Lo unido por Dios no debe ser destruido por el hombre!”. yo, cuando me lo dijo…¡se lo creí!

**Mi columna ha terminado, ahora pueden romperla.