El concepto de “La cuarta pared” es un término que originalmente surge en el teatro y hace referencia a la barrera imaginaria que se encuentra entre el público y el artista o la acción que ocurre sobre el escenario, es decir, lo que sucede sobre el escenario ignora lo que sucede en las butacas y al público, solamente le importa lo que está sucediendo sobre este y se sumerge por completo en la historia. Y cuando esta concluye, no hay más que saber de quienes estaban arriba más que lo necesario para publicitar su trabajo. Bertolt Brecht, dramaturgo alemán propuso romper con esta cuarta pared imaginaria y le permitió al espectador tomar parte de lo que sucede sobre el escenario y que interactúe durante el desarrollo de la obra. No debería de importar al público que más suceda después de que la obra acaba. Pero la admiración hacia el trabajo del intérprete, lleva al espectador a conocer más acerca de su trabajo y hasta ese punto, no habría nada porqué preocuparse. Sin embargo, el público no se conformó con saber acerca de su trabajo, se atrevió a saber más acerca de la persona que encarnaba al personaje público y en nuestros días, esto es tan común que a nadie debería de sorprendernos.

La Lucha Libre, en especial la mexicana, tenía la particular característica del misterio; solamente sobre el ring veíamos a ese enmascarado que defendía o atacaba lo bueno, o solamente contemplábamos los gestos de un individuo al que no podíamos ni acercarnos por temor a ser el objetivo de un certero puñetazo y al que solamente cobijados por el tumulto que quería lincharlo por haber “masacrado” al ídolo, nos atrevíamos a insultar.

La lucha libre actual ha caído en las garras del egocentrismo y en la mayoría de las situaciones, ha sido el propio luchador quien ha permitido que el “aficionado” abuse de la confianza que este le da y cuando toma la decisión de frenarlo, entonces será señalado, junto con otros ignorantes, como la peor persona que ejerce mal una profesión y por supuesto, las redes sociales han ayudado a que esto sea una constante en nuestros días.

Hana Kimura se suicidó, al no soportar la ola de odio que recibió constantemente a través de las redes sociales por cortesía de unos fanáticos de un relity show llamado “Terrace House”, fanáticos a los que nunca les importó saber cuán grande era su trayectoria luchistica que comenzara desde los 7 años de edad y no les importó saber el sentimiento que la llevó a abofetear a Kai cuando este arruinó el atuendo que ella uso para hacer una aparición especial en el Wrestle Kingdom 14 de NJPW realizado en el Tokyo Dome por la importancia y valor que este tenía para ella; ninguno de los que la atacaron cobardemente por las redes sociales deseándole la muerte se dieron cuenta de la importancia que tenía su carrera al haber trabajado para empresas como: World Wonder Ring, Stardom, Wrestle-1, Ring of Honor y Pro-Wrestling: EVE siendo una luchadora profesional con 22 años de edad cumplidos.

Hana Kimura se suicidó

Tras lo ocurrido, se ha abierto un debate sobre el acoso en internet, no solamente a luchadores sino en general, pero ¿Quién debe de ser el primero en evitar que esto ocurra? ¿Seguirá siendo muy sano que esa “cuarta pared imaginaria” se siga rompiendo? ¿Quién tiene el control para que esto no ocurra de nuevo? Al menos Hana Kimura, antes de partir nos dejó un último mensaje para reflexionar: Nadie merece morir por alguien que no valora la vida de otros y satisface su orgullo mediocre lastimando a otros para despedirse de un ser vivo diciéndole: «Te amo, vive feliz y largamente. Lo siento».