“Soy Extreme Tiger, y soy de Tijuana”

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Soy Extreme Tiger, y soy de Tijuana. Nací en abril de 1981. Soy el único de mi familia que practica lucha libre, deporte que conocí cuando tenía siete años de edad. Me gustaba mucho WWF, y me la pasaba jugando luchitas con mis amigos. Mis ídolos eran Rey Misterior Jr, Juventud Guerrera, Súper Crazy, Psicosis, y otros luchadores aéreos de la década de 1990. A pesar de lo que se dice, vivir en Tijuana no es difícil, siempre y cuando uno se aleje de gente nociva. Si uno se mete a las cosas malas, difícilmente vive tranquilo.

“Mi afición a la lucha libre me llevó a entrenar. Recuerdo que, en unas vacaciones de verano, cuando pasé a tercero de secundaria, inicié mis prácticas con el único profesor que he tenido: Rey Misterio. Al año siguiente, cuando salí de tercero, volví a los entrenamientos de manera definitiva. Mis padres me apoyaron porque pensaban que era un gusto pasajero, pero no fue así. De hecho, a todo el que me preguntaba a qué me dedicaría, le respondía que iba a ser luchador.

“Los primeros entrenamientos fueron duros, y más con el profe Misterio, que es muy estricto. Con él se trabaja mucho la condición física. Durante mucho tiempo, sólo veíamos el ring, porque no nos permitían subirnos, antes, debíamos dominar las técnicas al ras de piso. Después, ya en el cuadrilátero, iniciábamos a rodar y maromear. El profesor era muy exigente, no nos permitía tocar las cuerdas, y si nos distraíamos, nos corría de la clase. Al poco tiempo de que empecé a entrenar, Rey Misterio me echó el ojo, pues se dio cuenta de que podía hacer cosas que eran para avanzados. Siempre valoró que tenía mucha facilidad para hacer lo más complicado.

“Debuté el 13 de septiembre de 1998. Portaba otro mote, pero también incluía la palabra tiger. Empecé en un lugar muy chico de Tijuana, que se llama Teatro Zaragoza. Después, di el salto al auditorio Fausto Gutiérrez, donde escalé peldaño por peldaño: pasé por luchas iniciales, segundas, terceras, semifinales y algunas estelares. Allá conocí a varias de las estrellas que admiraba, por ejemplo, una vez, Juventud Guerrera me felicitó porque le gustaba mi manera de luchar. Fue fantástico que uno de mis ídolos se acercara a felicitarme.

“Salí de mi tierra con la idea de llegar muy alto, y hasta el momento ahí la llevo. No es fácil probar suerte en el DF, y más para quien viene de afuera. No sabes a dónde moverte o con quién hablar. Es cuando más se extraña el terruño. Es triste al principio salir a la calle y no ver a alguien conocido. Pero poco a poco uno se adapta a la dinámica de aquí.

“Mi madre casi no ve mis luchas, pues es diabética y se pone muy nerviosa. Sólo una vez me fue a ver, allá en Tijuana, cuando rapé a Joe Líder. Creo que no fue muy buena idea que me acompañara, ya que en esa ocasión, tanto mi rival como yo hicimos cosas muy brutales. Ella se puso enfermita después de aquello. Mejor ya no la torturo. Cuando voy a Tijuana, ella y mi padre me consienten. Y ya cuando vengo de regreso al trabajo, me despiden con una bendición.

“¿Qué si conozco el miedo? Claro, todos lo conocemos, pero al momento de mis lances, es la adrenalina la que me impulsa. No me doy tiempo de dudar. Si uno empieza a ascender, y duda, lo mejor es ya no lanzarse, porque así, lo más probable es que surja un accidente. Mi inspiración para los movimientos es la gimnasia olímpica, una disciplina que me encanta”.

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