La semana pasada, uno de los videos que más circuló en redes sociales y en medios de comunicación, fue el del reprobable acto que cometió Einar El Vikingo, durante una función de lucha que tuvo lugar el viernes 21 de mayo, al aire libre, en la colonia Aviación Civil, de la alcaldía Venustiano Carranza.

Einar estaba luchando y cuando cayó al piso, fuera del cuadrilátero, un niño de cinco años se le acercó por la espalda y le enredó el brazo en el cuello. Si el niño quiso abrazarlo como muestra de cariño o si estaba jugando a aplicarle una llave, es lo de menos: tomar al pequeño con toda la fuerza, torcerle el brazo y lanzarlo de un jalón contra el pavimento no tiene nombre.

Con la reacción del público, que de inmediato se le fue encima al pseudo-luchador, vino otra muestra de violencia: la ejercida a nivel comunidad, misma que podemos definir con el término linchamiento, fenómeno que ha aumentado notablemente en nuestro país y que se entiende de la siguiente manera:

Se ha considerado como linchamiento a toda acción colectiva civil (no estatal) de carácter público, espontánea u organizada, que pretende para sí misma legitimidad y que ejerce violencia sobre la víctima, en respuesta a actos o conductas de ésta, quien se halla en inferioridad numérica abrumadora frente a los linchadores (Gamallo, 2015, p. 191).

La policía evitó el linchamiento

A partir de lo ocurrido y de que la policía intervino para que los aficionados no “ejercieran justicia por cuenta propia”, es posible reflexionar acerca de varios aspectos; por ejemplo, sobre la ira colectiva de los aficionados quienes, indignados (con justa razón, puesto que el niño cayó al suelo de manera estrepitosa, golpeándose fuertemente la cabeza y distintas partes del cuerpo), no repararon en la diferencia entre venganza y justicia.

La primera, a mi juicio, quiebra todavía más las relaciones sociales; la segunda, al ser ejercida por parte de las autoridades e instituciones, permite el resarcimiento de esa ruptura. Por ende, en este caso espero que todo el peso de la ley recaiga sobre el agresor y que jamás vuelva a subirse a un cuadrilátero, porque no es un gladiador.

Si bien no soy experta en el estudio de la tipología de los linchamientos, sí puedo mencionar que, contrario a lo que pudiera pensarse, este tipo de ataques no siempre desembocan en la muerte y exhibición pública del acusado. En el caso del pseudo-luchador que aventó al niño contra el pavimento el pasado viernes, es importante reparar en que sólo la intervención de la policía evitó que la multitud enardecida le causara severos daños físicos o que, inclusive, terminara quitándole la vida.

Por otra parte, las discusiones y comentarios en redes sociales, que repudian a Einar El Vikingo (lo cual tiene más que merecido) y muy poco cuestionan a los organizadores de la función como responsables de toda la seguridad para evitar que tanto aficionados como luchadores sobrepasen límites, debieran invitarnos a reflexionar e incluso a exigir que en todas las funciones haya corresponsabilidad entre el nivel de organización de las empresas o los promotores, el comportamiento de los aficionados y, por supuesto, el de los luchadores. Hay varios ejemplos de casos en los cuales las empresas -el Consejo Mundial de Lucha Libre, por ejemplo- han tomado cartas en el asunto, sancionado el comportamiento de algunos gladiadores como L. A. Park. Rush y Dr. Wagner, por mencionar algunos.

Espero que el niño lesionado por Einar El Vikingo reciba la atención necesaria para recuperarse física y emocionalmente, de manera que pueda -gracias a eso y a las muestras de cariño que gladiadores como Cibernético, Charly Manson y Dave The Clown le han dado- volver a asistir sin miedo a una función de lucha libre.

Por último, también espero que este lamentable caso sirva para que todos los que de alguna manera tenemos cierta presencia en la lucha libre, ya sea como promotores, empresarios, aficionados, medios de comunicación, vendedores, luchadores, etcétera, forjemos un criterio acerca de las reacciones del ser humano en situaciones violentas llevadas al límite, que nada tienen que ver con la esencia misma de la lucha libre.

Fuente consultada:

– Gamallo, L. (2015). Los linchamientos en México en el siglo XXI. Revista Mexicana de Sociología, 77(2),183-213. [fecha de Consulta 24 de Mayo de 2021]. ISSN: 0188-2503. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=321/32137141002.