En sus aproximadamente diez años como instructor de lucha libre, El Apache pasó sus momentos más difíciles ¡entrenando a sus propias hijas! Este gran gladiador nos comenta:
«En mis 29 años dentro del ambiente de la lucha libre, y los 9 que tengo dando clases, lo más difícil que he vivido, lo que más me ha hecho sufrir, es que mis hijas, Faby y Mary, hayan decidido dedicarse a esto. En su momento, eso fue mi trauma. Gracias a Dios le han echado ganas y las dos son lo mejor que hay, aunque haya gente que no lo quiere reconocer».


«La primera que me pidió que le enseñara fue Mary (la mayor). Un día llegó y me dijo que quería aprender lucha y yo le contesté que no, que mejor estudiara. Insistió muchas veces hasta que me amenazó: ‘¡Me enseñas o le digo a alguien más que lo haga!’ No me quedó de otra. `¿De veras quieres entrenar? Pues ¡órale!’ Se la sentencié».

Aguanto todo

«Le puse una arrastrada tremenda. Su primera sesión fue fortísima. A ninguno de mis alumnos le he hecho trabajar tanto en su primer día. Yo pensé que no se iba a poder levantar al siguiente día, pero a las siete de la mañana ya me estaba levantando para que nos fuéramos al gimnasio. Le repetí la dosis del día anterior, o quizá fue peor, pero todo lo aguantó.
Mi compañero en ese entonces (El Apache II) me decía que no le cargara tanto la mano porque la podía lastimar; le repliqué que él no entendía, porque lo que yo intentaba era que ella desistiera, que luego de lo arduo de los entrenamientos, mandara la lucha al diablo, pero no lo hizo, y no me quedó de otra más que prepararla».


«A los 2 meses, Faby (que tenía 15 años) me pidió que la entrenara, y ya no puse tanta resistencia. Mary me reprochaba que a ella la hice sufrir mucho, y que con su hermana era muy blando. En ese tiempo no me entendía, pero ahora que tiene sus niños, sabe bien que sólo quería alejarla del ring para que no corriera riesgos».

BOX Y LUCHA No. 2818, mayo del 2007