Recuerdos del Villano III

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Hola, queridos amigos; en esta ocasión voy a platicar de unos detalles que me sucedieron con los hoy desaparecidos compañeros La Parkita y Espectrito II, que eran los gemelos Alejandro y Alberto Pérez Jiménez, quienes, desafortunadamente, fueron encontrados muertos en circunstancias aún no claras, en un hotel de paso de la ciudad de México, según informes de las autoridades correspondientes.

En una ocasión nos tocó luchar a La Parkita y a su servidor en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Durante la función, varias veces se fue la luz, pero como la arena tenía planta propia, cuando fallaba la energía eléctrica, automáticamente funcionaba la planta. La Parkita se presentó en la segunda lucha; cuando bajó del ring me dijo que me esperaba hasta que yo acabara, para irnos juntos al hotel.

Cuando bajé del ring, entré al vestidor y me bañé; él platicaba con los compañeros, aún vestido con su equipo de luchador, ya que no llevaba cosas para bañarse. Cuando íbamos a salir de la arena se puso unos pants encima. Al llegar al hotel me dijo que iba a comprar unas cosas a una tienda de autoservicio que se encontraba enfrente, yo me subí a la habitación y le dije que lo esperaba para irnos a cenar. Entré al cuarto, y cuando dejaba mi maleta, nuevamente se fue la luz, y desafortunadamente el hotel no contaba con planta, así que a oscuras salí rápidamente al pasillo, y cuál fue mi sorpresa al ver una osamenta que se movía y venía a mi encuentro y me empezó a hablar: “¿Qué pasó, mi Arturín, ¿ya nos vamos a cenar?” Enseguida me di cuenta que era La Parkita, pero como los huesos de su equipo de lucha eran fluorescentes, brillaban en la oscuridad. En seguida le dije: “Mi Betín, me metiste un susto y ya me iba a echar a correr”. Cuando llegamos a cenar, a pesar del hambre que decía tener, seguía muerto de risa del susto que me metió.

Otra ocasión me tocó ir a trabajar a Salamanca, Guanajuato. En la central camionera me encontré al Espectrito, nos tocó viajar en el mismo camión, todo iba transcurriendo en forma normal hasta que el conductor hizo un alto en el paradero de San Pedro, antes de llegar a Querétaro; algunos pasajeros bajaron al sanitario y a comer. Fui al baño, subí al autobús y me quedé dormido. Desperté al llegar a Salamanca, me dí cuenta que no venía en el autobús El Espectrito, enseguida le comenté al chofer que había dejado a un pasajero, pero me contestó que en el paradero habían subido todos.

“Usted lo dejó”, insistí; me dijo: “no, él se quedó. Subí al autobús y pregunté varias veces si faltaba alguien”. Le expliqué que su obligación era subir al autobús y verificar que todos los pasajeros estuvieran en sus asientos. “Discúlpeme, tiene toda la razón, pensé que había subido todo el pasaje”, rectificó. Al bajar, fui a recoger mi maleta y esperé a que todos los pasajeros hicieran lo mismo, para ver qué maleta sobraba, pues seguramente sería del Espectrito. No sobró ninguna y pensé que la habían robado; como no llevaba ningún comprobante, no podía reclamar nada. Abordé un taxi que me llevó a la arena donde se iba a llevar a cabo la función, y le platiqué al promotor lo que sucedió. “¿Entonces, no se va a presentar?”, preguntó angustiado. “Sí, va a llegar”, le conteste en forma categórica. Y así fue, media hora después de que yo llegué, se presentó Espectrito y me dijo: “Qué gacho, Arturito, me dejaste”, entonces nos sentamos y tranquilamente le expliqué cómo sucedieron las cosas.

Al final, preguntó: “¿Y mi maleta?” Le expliqué no había encontrado ninguna, y que sin su boleto, era imposible reclamarla. Me comentó que la había dejado en el portaequipaje del asiento, y que como era de estudiante, no la había documentado. Enseguida regresamos a la terminal de autobuses. Encontramos el camión en el taller y nos dijeron que habían encontrado una maleta, pero que estaba en la administración. Le hicieron unas preguntas para constatar que él era el dueño, y se la regresaron. Así nos regresamos a la arena para poder trabajar. Estas son algunas odiseas que tenemos los luchadores en el ir y venir de un lado para otro, ahora lo único que puedo decir: que Dios bendiga a Beto y a Alejandro, y que su familia encuentre resignación. Espero sus comentarios a ardimen3@yahoo.com o bien a www.villanotercero.net

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