Polvo de Estrellas, 24 años regando glamour sobre el ring

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Felipe Alvarado nunca se propuso ser luchador profesional; empezó a entrenar a los 14 años para defenderse de gente abusiva que lo golpeaba por ser afeminado. Vivió en un hogar con más de 15 hermanos. Su padre, quien era hojalatero, le dio a escoger entre 3 opciones cuando se enteró que quería entrenar lucha: estudiar, trabajar con él en el taller, o dedicarse de lleno al pancracio. No lo pensó mucho, y se entregó al deporte de sus amores.
 
Llegó a la arena Zapata después de que lo rechazaron en la Coliseo de Acapulco. Braulio Mendoza se resistía a enseñarle porque apenas pesaba 49 kilos, cuando el mínimo que exigía eran 60; así que tuvo que entrar al equipo de soft ball de la esposa del instructor. Para poder subir un rato al ring, llegaba más temprano que todos sus compañeros. La esposa de Mendoza vio su interés, y le enseñó lo poco que sabía, hasta que logró convencer a su marido de adiestrar al joven Felipe:

“Cuando por fin me dejaron entrenar lucha, los compañeros me cargaban la mano horrible. Llegué a escuchar cómo se ponían de acuerdo para mancharse conmigo, con el objetivo de que me diera por vencido, pero aguanté. Como a los 6 meses, Braulio Mendoza me dijo que ya me enseñaría la verdadera lucha, porque había aguantado. Desde entonces puso más dedicación en enseñarme”.

Posteriormente, Felipe engrosó, durante 7 años, las filas de la arena Coliseo acapulqueña, a cargo de Carlos Valdez, “quien en realidad sólo sacaba dinero de los novatos que tenían la ambición de trascender”. Lo único bueno que cosechó fue un viaje a la ciudad de México, para debutar en la arena Naucalpan el 18 de diciembre de 1984, con el nombre de Siniestro, del que nos comenta: “Admiraba mucho a Cuchillo, y por eso mandé a hacer un equipo muy similar al de él. Mi idea original era llamarme Tonatiuh, pero sucedió que en aquellos años apenas tenía dinero para comer, así que no me alcanzó para comprar las botas. Tuve que luchar descalzo, a la manera en que lo hacía Antonio Peña cuando era Espectro. De hecho, el mote de Siniestro fue en honor a él”.

Como Siniestro, luchó con el profesor Raúl Reyes en escenarios como la arena Apatlaco, y tuvo la fortuna de ser uno de los pilares del Pavillón Azteca. Con el cartel que ya había hecho, regresó a Acapulco como estrella local, aunque eso no satisfacía sus expectativas:     

“Ya de vuelta en Acapulco, estuve en el circuito de luchadores del CMLL, pero Carlos Valdez me bloqueó para dar el salto a la arena México. Ahí me di cuenta de que si quería lograr algo, tenía que ser por mi cuenta y riesgo, y me vine de nuevo a la capital. En una de esas, conocí al señor Carlos Maynes, quien me pidió que lo visitara en Lucha Libre Internacional. Tardé mucho en entrevistarme con él, pues me impedían verlo (Kalorff Lagarde me corría). Pero un día lo esperé a la salida, y pudimos charlar. Me dijo que necesitaba un exótico, pues Pimpinela y May Flowers acababan de emigrar a Triple A. No me gustó la idea, pero acepté porque tenía hambre en todos los sentidos. Como no conocía a nadie aquí en el DF, dormía en la terminal de autobuses Sur, me bañaba en baños públicos, donde aprovechaba para lavar mi ropa. Fueron tiempos bien difíciles. Maynes me puso el nombre de Adrian El Exótico, y a los pocos meses de trabajar para él, me llevó en una gira a Panamá, y me gané un contrato para ir Japón, donde permanecí 21 días”.

Pero el ascenso de este joven exótico coincidió con la debacle de la empresa LLI: “No duró mucho. Yo me quedé hasta el final. Todavía alcancé a ganar en Estados Unidos el campeonato mundial semicompleto Jr, que fue el último que avaló LLI (de hecho, aún guardo el cinturón). Llegué a ganar mil 500 pesos, pero mi última paga fueron 10 pesos. Al cerrar LLI estuve poco tiempo en Naucalpan, y como no me convino seguir ahí, le pedí al señor Maynes que me recomendara en Triple A.

“El licenciado Antonio Peña me recibió sólo hasta que Maynes me llevó. El trabajo que me costó ingresar a Triple A lo tomé como castigo, pues años antes, Toño Peña, allá en Acapulco, me había invitado a la empresa que tenía planeado fundar. La verdad, no le creí, y así me fue por no haberlo hecho.

“Entré a Triple A como Adrián El Exótico, y estaba contemplado para ser parte de Los Vatos Locos con Nigma, May Flower y El Picudo, pero después entró Charly Manson, y opté por hacerme a un lado. Estuve con los Espectros como La Llorona Loca. Era una época en que la televisión no quería exóticos. Al salir Coco Amarillo de la empresa, me convertí en Coco Rosa, y tuve éxito y trabajo. Posteriormente, Televisa produjo el programa Diseñador ambos sexos, donde se abordaba abiertamente la homosexualidad. Esa fue la pauta para que los exóticos volvieran a las carteleras. En el primer grupo de ese tipo en Triple A estaban May Flower, Pimpinela Escarlata, Nygma y Sexy Piscis, quien empezó a faltar mucho. De ahí me agarré, y le pedí a Toño Peña que me incluyera en el concepto. Me costó trabajo convencerlo pues él quería que siguiera como Coco Rosa. Aceptó, y me mostró el personaje que me había diseñado, que estaba inspirado en la cantante Cher y en el luchador estadounidense Goldust. No me gustaba el hecho de tener que maquillarme y usar pelucas, pero dije que sí porque no tenía dinero y necesitaba trabajo. Así fue como hace 9 años nació Polvo de Estrellas”.

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