La lucha libre mexicana perdió a una de sus promotoras más importantes. Viuda de El Acorazado Moreno y madre de El Oriental, Cinthia, Rosy, Esther y Alda Moreno, la señora Esther León -quien falleció el 11 de junio de 2020- dedicó gran parte de su vida a construir, forjar y administrar la Arena Azteca Budokan, emblemático escenario luchístico de Nezahualcóyotl.
Para hablar del legado de La Güerita -como le llamaban sus seres queridos- conversamos con El Oriental, a quien agradecemos su disposición para hablar de un tema tan doloroso como el fallecimiento de su madre. Giovanni Moreno nos comentó que, debido a la pandemia de COVID-19, la Dinastía Moreno no pudo despedir a su máxima jerarca como se merecía: echando la Arena Azteca Budokan por la ventana con un homenaje de cuerpo presente y abriendo las puertas a todo aquel que quisiera despedirse.

En su cuenta de Facebook, El Oriental publicó algunas fotografías de la despedida de doña Esther. La Dinastía Moreno se encargó de retirar el cuadrilátero de la arena, para colocar el féretro al centro del recinto. Al lugar asistieron algunos familiares y personas muy allegadas, guardando sana distancia, utilizando cubrebocas y gel antibacterial; tampoco faltaron los mariachis que tanto le gustaban a doña Esther. El Oriental está convencido de que, sin pandemia, la despedida de su mamá hubiese sido totalmente distinta:
“Mi madre era el pilar de la arena y siempre fue un apoyo para la gente de Ciudad Nezahualcóyotl. Cuando empecé a ver en redes sociales que había muchos comentarios y condolencias porque falleció, nunca creí que fuera tan famosa. En ese momento teníamos un dolor muy grande y no invitamos a la gente al velorio, por lo de la pandemia. Vinieron personas muy cercanas, familia y pues a lo mejor sí llegó el momento en que hubo 100 o 150 personas, pero tenemos un lugar donde caben casi 2 mil. Hubo gente a la que se le pidió que subiera a las gradas y se le dio gel; también se sanitizó. La verdad es que sí cuidamos mucho esa parte. Luego, llegaron unos diez policías, entraron y vieron que estábamos bien distribuidos y pues no hubo ningún problema, aparte de que mi madre no había fallecido por COVID.
“Si hubiéramos invitado a la gente y no hubiera habido pandemia, sabemos que sí se llena la arena en el velorio. De luchadores, vinieron muy pocos: Zumbido e Histeria, por ejemplo. No tengo palabras para agradecer el apoyo en un dolor tan grande. Bastantes luchadores me apoyaban por las redes o por WhatsApp, y todos lamentaron no poderse presentar con mi mamá. Ahorita está pasando algo que me sorprende: han abierto varios lugares y no hay tanta gente en la calle por miedo, porque ha habido muchos decesos.”
La generosidad de Esther León La Güerita
“Mi madre era una guerrera en toda la extensión de la palabra; a mucha gente de aquí cerca le ayudó a obtener su terreno, por ejemplo. También ayudó a varios jóvenes sacándolos del vicio e invitándolos a que vinieran a entrenar; a muchos les dio alguito porque no tenían ni para comer.
“Cuando, en los entrenamientos, los jóvenes caminaban todos agachados, ella les decía: ‘No muchacho, párate, enderézate. Mira mi edad, 87 años y ando bien derechita. Tú a los 80 vas a andar caminando como camello’. Mi mamá bromeaba a la gente, le daba consejos y contaba anécdotas de su pueblo, como cuando de chiquilla montó un puerco y no se frenaba, y cuando el puerco se frenó, pues ella dio el azotón.

“Así era ella. Les ponía hasta el nombre, los bautizaba. El aniversario de la arena es una fiesta y se hacía por ella, Siempre decía: ‘Oye, va a ser mi aniversario’ y hacíamos un maratón. Yo creo que la primera lucha era como con 50 luchadores y no importaba si ganábamos o no; era la fiesta de mi mamá, le traíamos sus mariachis y a la gente que cantaba ella le decía: ‘¡Va a ser mi aniversario, vente a cantar!´ Y les daba su espacio, así como a los payasos. Compraba juguetes para los niños y lo quiero decir abiertamente: yo creo que mi mamá tiene bien ganado su lugar con Diosito, porque a pesar de que venía de pueblo, de allá de Guanajuato, llegó aquí a Neza, y entre ella y mi padre hicieron esta arena. Nosotros la terminamos. Yo me acuerdo que aquí andaba bien chiquillo vendiendo tortas, anunciando, dando volantes…
“Ella también me enseñó la generosidad y pues hace poco me fui al Bordo de Xochiaca a darle un apoyo a los chavos y a gente de tercera edad. Fui a Aurrerá y dije: ‘Yo ya tengo mi despensa, ¿por qué no compartirla?’ Me nació del corazón, agarré un carrito y empecé a echar cosas, llegué a la arena y empecé a armar las bolsitas; luego me fui al Bordo de Xochiaca a jugármela: fui con la gente que vive ahí en la basura, con unas personas de la tercera edad y algunos indigentes también, para entregarles todo.”
Giovanni Moreno -quien reconoce que hasta en el tianguis de su barrio, muchas personas le han dado el pésame y han llorado por el fallecimiento de su madre- comprueba lo que muchos de nosotros vimos cuando asistimos a la Arena Azteca Budokan: doña Esther no paraba de barrer, trapear, limpiar vidrios, retirar escombros y un largo etcétera: “Ella siempre andaba haciendo algo: barriendo las gradas, limpiando los baños o barriendo la calle porque iba a haber funciones. Yo me enojaba y le decía: ‘¡Ya párele, mamacita, ya no haga nada, por favor!’ Y ella decía: ‘Es que si vienen a ver la arena, la van a encontrar sucia’ Y hasta se me escondía atrás de los árboles porque yo la andaba buscando.
“Hace poco falleció una amiga y la fue a buscar. Yo le decía: ‘¡Mamá, el COVID!’ Y ella me contestaba: ‘No, ese no me va a dar’ Y, efectivamente, ella murió por causas naturales, no por COVID. Mi mamá decía que cuando ella falleciera llenaría aquí la arena: ‘Me quitas el ring y me pones en el centro porque yo voy a llenar la arena´ decía, pero lamentablemente las cosas pasaron así.
“El 10 de mayo yo siempre quería darle gusto, y por eso, ese día le pregunté qué quería. Me acuerdo mucho que me dijo: ‘tráeme unos camarones, hijo’. Fui a conseguirlos, se los traje y me dijo: ´¡Qué buenos están, hijo!´” comenta Giovanni Moreno con la voz entrecortada por la tristeza.
“Siento que se fue una parte de mí, de la arena, y por eso tenemos que echarle más ganas. Ella logró hacer algo con mi padre, la Arena Azteca Budokan y por eso se tiene que conservar; tenemos que unirnos todavía más y sacar la arena adelante.

“Yo viví muchas cosas cuando desaparecieron la Arena Apatlaco, la Arena Xochimilco, la Arena Cuernavaca, el Toreo de Cuatro Caminos, por cuestiones económicas, y pues nosotros somos muy privilegiados, tenemos la renta de unos localitos que en su momento hicieron mi padre y mi madre, aquí en la Arena Azteca Budokan, pensando a futuro.
“Ahorita está parado lo del gimnasio, pero hay gran apoyo entre hermanos. Hicimos unos negocitos cuando ganamos bien en la lucha libre y a través de eso hemos mantenido la Arena Azteca Budokan. Mi mamá siempre estuvo preocupada, hasta sus últimas horas. Nos dijo: ‘Ahí les encargo mucho la arena, que se pague la luz, el agua y los impuestos, para que se mantenga, porque nada nos vamos a llevar. No la vendan’. Eso sí, nos encargó mucho que no la fuéramos a vender, porque eso fue su vida.
“Fue muy difícil perder a nuestra madre. Mi hermana Rosy está en recuperación, porque la operaron de las cervicales. Andaba mal y sin anunciar su retiro se tuvo que retirar, por orden médica, porque se le empezaron a dormir las manos y si no la operaban, a lo mejor en un tiempo ya no iba ni a caminar, porque sí era algo delicado lo que tenía. Ella está aquí en la casa, echándole ganas, es parte de la arena; Cinthia acaba de regresar de Estados Unidos; mi hermana Aldita vive aquí en la arena y yo también. Te repito, somos muy privilegiados. A pesar de que otras arenas han desaparecido, nosotros seguimos en pie.
“Muchos compañeros y yo estamos desesperados por volver a luchar, pero creo que hay que buscar una forma de que vivamos aun cuando esté presente el virus, porque esto no se va a acabar hasta que no salga la vacuna y hay que cuidarse porque, por ejemplo, yo tengo familia y sería terrible que se contagiaran.
“El tema es muy delicado y mucha gente no lo quiere entender. Nosotros tuvimos el privilegio y la bendición de que mi mamá murió por causas naturales, no como esa gente que fallece por COVID y a los familiares no les dan los cuerpos, nada más las cenizas y por eso no pueden ni hacer misa de despedida por el contagio. A mi mamá sí nos la entregaron y sí se le hizo su misa de cuerpo presente, su novenario, en la arena amplia y con muchas medidas. Con el tiempo, si aquí regresa la lucha libre, primero hay que sanitizar toda la arena; tener gel, guardar sana distancia, con cupo de 30%, etcétera.

“Eso sí, la lucha libre no se puede acabar, porque se acabaría parte de la vida de uno. Muchas veces tienes salud, dinero, pero si no haces lo que tu corazón quiere, o por lo que has luchado durante muchos años, tienes un vacío. Ahorita ya mucha gente empezó a salir y también hay gente que dice que prefiere morirse de hambre que morirse del virus, y pues yo creo que sí se puede seguir adelante, pero tomando todas las medidas necesarias. Sería lamentable que aquí alguien se contagiara, y sabemos que si algo así pasara, podrían cerrar esta arena para siempre.”
“Hace dos meses tuve síntomas de algo que nunca había sentido: fiebre, cuerpo cortado…”
Durante la plática que tuvimos con El Oriental, vía Zoom, comentó que hace tiempo no estaba convencido de que la pandemia del coronavirus fuera verdad: “Yo era de los que no creían que esto existía y hasta hace dos meses andaba en el tianguis saludando a la gente. Entonces, tuve síntomas de algo que nunca había sentido: cuerpo cortado, fiebre, flujo nasal… No perdí el sabor (sentido del gusto); al día siguiente me fui al doctor, me dio muchos medicamentos y con un té que me recomendaron sudé muchísimo. Perdí como seis kilos en 15 días; luego tuve dolor de cabeza, tos y dolor en el pecho. Fui nuevamente al médico y me dieron otros medicamentos. Nunca me hicieron la prueba, pero si era eso o no, puedo decir que fue algo que nunca había sentido. Mi esposa y mi suegra también se pusieron un poco mal, y pues fue una cosa de miedo, pero salimos adelante.

“Tengo amigos de otros países y están viviendo cosas muy difíciles; también aquí, en México, he visto tantas cosas. Tan solo aquí, en unas cinco cuadras, han fallecido unas 40 o 50 personas; esto del virus ha sido un asesino silencioso. La gente no quiere decir que alguien en su casa está enfermo y que de repente se los lleve la ambulancia. No lo dicen por miedo. Yo le quiero decir a la gente que si realmente quiere a sus familias, a sus hijos y a ellos mismos, tienen que cuidarse, seguir las reglas como las están diciendo, tratar de no salir de casa y, si salen, hacerlo con todos los cuidados. Tengo fanáticos y gente cercana a mí que han fallecido; uno de ellos fue un amigo que me dio grandes consejos.
“Cuando trabajaba en Triple A y en la Arena México, por años yo decía que los compañeros luchadores son nuestra segunda familia; los veía más que a mi familia y con el paso del tiempo que fui saliendo de las empresas, te puedo decir -contando con los dedos de las dos manos- quienes realmente son amigos.
“Mi amigo se llamaba Cash, me enseñó muchas cosas y falleció por COVID. Así estuvo 15 días; tenía posibilidades económicas, nomás que no sé si se confió o qué pasó. Tenía 58 años y era un hombre fuerte, lo cual es una prueba más de que esto existe.
“Allá en Japón también hay miedo; todos saben que el COVID existe y son muy disciplinados; siguen las reglas, estuvieron en cuarentena, tuvieron un rebrote pero no hubo muchos decesos porque allá desde que dijeron que se cerraba todo y que no salieran, fue ley, pero no de gobierno, sino de educación.

“Es de otro nivel también el apoyo del gobierno. A un amigo que tiene una tiendita le dijeron que no podía abrir, pero que ahí estaba su cheque y una despensa; cada mes, así, facilito, lo recibe y no abre. Yo antes de la pandemia agarré un lugarcito en el tianguis y allá también dijeron que iban a dar un apoyo pero nunca llegó, así que uno tiene que buscarle.”
Nuevos bríos para la Azteca Budokan
La Dinastía Moreno tiene muy claro que, pase lo que pase después de la pandemia, la voluntad de doña Esther León fue que la Arena Azteca Budokan no se venda nunca, y que siempre la cuiden y la conserven tanto como ella lo hizo. El Oriental dice que, por la pandemia y el duelo, no se han sentado a platicar: “Está muy reciente lo de mi madre, pero esta arena va a seguir por muchos años. Sí haremos unos cambios, pero ahorita tenemos que esperar a que esto de la pandemia se calme y que haya menos contagios. A finales de septiembre posiblemente podamos ya hacer funciones, pero con todas las medidas, aunque no lo sabemos realmente. No queremos contagios y que nos vayan a cerrar de por vida, aunque sólo tengamos poquita gente y trabajemos con muchachitos locales, siguiendo todas las medidas.
“De lo que sí estamos seguros, es de que vamos a hacer una función en honor a mi madre. Ella decía que iba a llenar la arena y por el COVID eso no se pudo hacer, pero en cuanto se pueda la haremos, para que vea que sí llenará la arena. Habrá mariachis y payasos, porque gracias a ella somos la Dinastía Moreno.”
