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SSean bienvenidos amigos lectores. En esta ocasión hablaremos de Santa Claus; una vez el señor Héctor Valero Meré, reportero de la revista Halcón me vistió de Santa Claus y nos fuimos a la Alameda Central de la ciudad de México, ahí andaba yo, sin máscara, vestido con bigotes, barba, peluca, gorro, unos cojines que me puse alrededor de la cintura y el traje rojo que es tradicional en estas ocasiones. Caminaba por la Alameda y obvio que la gente se me acercaba para tomarse fotos conmigo, regalaba manzanas y caramelos.”

Toda la gente se me acercaba y ese era el objetivo, hacer un reportaje con gente a mi lado pidiéndome fotos del recuerdo, obvio sin saber quien era yo. Estuvimos como unas dos horas, y de ahí cada quien se fue para su casa. En la noche me fui a luchar a la arena Neza y antes de llegar compré dos triciclos para rifarlos entre la gente que fuera a ver la función. Siempre me gustaba darles algo a los aficionados, eran épocas de bonanza, eran otros tiempos, había mucha alegría. Me gustaba que se sintieran felices.

A la semana siguiente salió el reportaje que me había hecho el señor Héctor Valero y me dio mucho gusto que la gente se me acercara con la revista en la mano y me comentaba: “Porque no dijiste que eras el Villano III, así nos hubieras dado tu autógrafo, te hubiéramos conocido y hubiéramos platicado contigo. Obvio que el disfraz había sido muy bueno porque nadie me reconoció; quiero decir, modestia aparte, que en ese tiempo mi popularidad era mucha y donde quiera que me parara era conocido. Muchos que no eran aficionados a la lucha iban a las arenas sólo a pedirme un autógrafo porque habían salido conmigo en la revista. Todo había sido perfecto, ninguna muestra que fuera luchador, todas las cicatrices ocultas, sólo se me veían los ojos y un poco los labios, porque hasta en la nariz traía una postiza.

La gente que se daba cita en las arenas donde lucha libre Internacional se presentaba, en el área metropolitana eran: El Cortijo, La Pista Revolución, El Toreo y la arena Neza, era muy bonito ver los rostros de la gente llenos de felicidad y para mí era también una alegría verlos. Cuando rifamos los juguetes que dábamos a fin de año, todo se hacía rápido porque no había tiempo de nada, la función tenía que continuar, no tenía que ser algo largo, ni tedioso, ni bajar el ánimo de la gente. Todo eso ha cambiado porque en la actualidad ni los luchadores, ni los promotores tienen las mismas ganancias que en esos tiempos, porque ese era un gusto que nos dábamos y para eso la economía tenía que estar bien.

Otras veces llevaba sidra para brindar con mis compañeros en los vestidores. Ahora eso no se hace.

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