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“Yo vivía a dos cuadras de la carnicería del Sr. Cabañas”.

H ola! queridos amigos. En está ocasión nos toca hablar del Sr. Carlos Cabañas, mejor conocido como El Niño Montana, quien era junto con su esposa, compadres de mis papas. El Sr. Cabañas tenía una carnicería en la colonia Morelos y nosotros vivíamos a dos calles de su negocio; tuve la oportunidad de conocerlo cuando luchaba en arenas como El Cortijo, La Tlacotal, Tlanepantla, entre otras.

Cuando me hice luchador profesional al Sr. Cabañas le gustaba programarme en su arenita, misma que se llamaba El Gran Fórum que estaba ubicada en la colonia Ahuixotla, por los rumbos de Naucalpan.

En El Gran Fórum, las funciones eran semanales y se llevaban a cabo los días sábado; yo era uno de los luchadores de planta, esto porque tenía un gran número de seguidores que iban a apoyarme, después de algún tiempo me propuso dejarme al frente de la arena ya que él y su esposa se iban de vacaciones a España, yo no quería pero me convenció diciéndome:

Eres la persona ideal para quedar al frente de la arena, tienes buena relación con tus compañeros luchadores.

Después de un rato en el que estuvimos platicando yo acepte la propuesta comentándole:

Está bien. Sí usted cree que soy la persona correcta y que puedo con el paquete, pues adelante.

A partir de ese momento comencé a hacerme cargo de la arena, recuerdo que siempre les pague buenos sueldos a los luchadores porque en ese tiempo eran grandes figuras de la Empresa Mexicana de Lucha Libre que ene se tiempo tenía entre sus filas a gente como: Ray Acosta, Roy Meneses, El Tarasco, Rudy Espinoza y El Mariscal.

Tampoco pude dejar de ocupar a mi familia; mi mamá me ayudaba a hacer las tortas, pero sin que mi papá se enterará, de modo que cuando él se encontraba en la casa no hacíamos nada porque sino se molestaría; una de mis hermanas se encontraba en la taquilla y la otra cortaba los boletos en la entrada y por último mi hermano el Villano IV vendía las tortas, dulces y refrescos. En una ocasión terminó la función y empezamos a hacer las cuentas de lo que se había vendido, así que le pregunte a mi hermano:

¿Cuántas tortas vendiste?

Todas. contestó rápidamente

Me das el dinero por favor– le sugerí amablemente

Acto seguido, metió su mano al bolsillo de su pantalón y sacó veinte pesos de unas treinta tortas que le dimos a vender.

¿Qué pasó?– le pregunte a mi hermano

Nada. –me contestó al momento.

Lo que había sucedido era que mi hermano iba a la arena como aficionado, se emocionaba e iba a tomar su lugar en las primeras filas cuando comenzaba la lucha y dejaba la charola de las tortas en el olvido, entonces la gente pasaba y agarraba su aperitivo creyendo que eran gratis. Mi hermano al final creía firmemente que había vendido todas las tortas.

Esa es sólo una anécdota de cuando maneje la arena, sin embargo nunca entregue malas cuentas ni al Sr. Cabañas, ni a los luchadores y mucho menos al público. A los únicos que sacrificaba era a mis hermanos, porque al final de cuentas a quien no les pagaba era a ellos. Un buen día cuando mi papá se enteró de lo que estaba haciendo me dijo:

¿Por qué estas haciendo eso tú? No quiero que quedes mal con los luchadores.

Lleve a esa arena a luchadores como: El Santo, Blue Demon, Huracán Ramírez, Los Hippies, René Guajardo, El Solitario, Ángel Blanco, entre otros.

Esa experiencia vino a mi mente porque me han invitado a realizar funciones de lucha en Texcoco el 6 de diciembre; habrá buenos duelos como el del Pirata Morgan contra Último Guerrero, Sangre Chicana y yo, Atlantis y Brazo de Plata.

Para mi el ser promotor de lucha es algo muy bonito, motivo por el cual nunca olvidare la vivencia que les acabo de compartir, sin embargo creo que es algo muy arriesgado porque te expones a quedar mal. Espero sus comentarios a ardimen3@yahoo.com

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