Llegó el miércoles y con él arribó su columna “Desde la tercera”. Que suene el silbato para arrancar con la primera caída.

Es bueno que hagan los torneos de “En busca de un ídolo” porque ahí le dan la oportunidad a luchadores preliminaristas para que suban dentro de las carteleras, algo que todos los gladiadores quieren hacer.

Sin embargo, pienso que los ídolos no se forjan a base de torneos, las estrellas en ocasiones son natas, son esos estetas que tienen un ángel especial. Algunos selváticos nacen con carisma y eso ni en el gimnasio ni en la lona se gana.

Por supuesto que un gladiador se tiene que forjar con los fierros, saber llavear eso no está en duda, porque la gente sabe lo que ve, créanme es muy feo que alguien suba a un ring y no sepan luchar.

Pero cuántos bestiarios existen en el pancracio que son excelentes en la técnica, su fiereza los distingue y es más, se vuelven maestros, pero cuando arriban al cuadrilátero simplemente no salen de las primeras contiendas por la falta de contacto con el público.

Pienso ahí está la gran diferencia de un ídolo, muchos opinan que el Santo no fue el mejor gladiador que ha dado México, sin embargo el ángel que manejaba, apuesto que nadie lo tendrá nunca y siempre el enmascarado de plata se quedará como la leyenda que hoy es. Por hoy el espacio se terminó recuerden que esta columna es a título personal y no representa la ideología del medio. Quejas, sugerencias o lo que gusten en el correo gerardoescutia@hotmail.com